La alta dependencia de combustibles importados continúa siendo uno de los principales puntos de vulnerabilidad para los sistemas energéticos del Caribe, una realidad que obliga a la región a buscar mayor diversificación, cooperación y capacidad de respuesta frente a las crisis internacionales.

Así lo planteó Andrés Rebolledo, secretario ejecutivo de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (Olacde), durante la XI Semana de la Energía que se celebra en Santo Domingo.

Para Rebolledo, la discusión ya no debe limitarse a sustituir combustibles fósiles por fuentes limpias. El desafío consiste en construir sistemas capaces de garantizar el suministro mientras incorporan progresivamente nuevas tecnologías y fuentes de generación.

En ese escenario, las energías renovables, el almacenamiento, la modernización de las redes eléctricas y una mayor integración entre países aparecen como componentes de una misma estrategia.

Transición y seguridad deben avanzar juntas

El secretario ejecutivo de Olacde sostuvo que América Latina y el Caribe cuentan con importantes recursos renovables que pueden ser aprovechados para disminuir la dependencia de combustibles fósiles.

Sin embargo, incorporar más generación solar o eólica implica también preparar los sistemas eléctricos para administrar fuentes variables.

Esto requiere inversiones en almacenamiento, transmisión, estabilidad de las redes y planificación de largo plazo.

El planteamiento cobra especial importancia para las economías caribeñas, donde la condición insular y la dependencia de combustibles provenientes del exterior pueden aumentar la exposición ante variaciones internacionales de precios o interrupciones en las cadenas de suministro.

La integración como parte de la respuesta

Otro de los ejes planteados por Rebolledo es profundizar la cooperación energética regional.

Las diferencias entre los sistemas y recursos disponibles en cada país podrían convertirse en una oportunidad para complementarse, siempre que existan infraestructura, planificación y reglas que faciliten los intercambios.

Para Olacde, esa integración necesita superar los acuerdos coyunturales y avanzar hacia mecanismos de cooperación capaces de mantenerse en el tiempo.

El actual escenario geopolítico ha reforzado esa necesidad. Alteraciones internacionales que impactan los precios del petróleo, el gas o la electricidad pueden terminar afectando simultáneamente a varios países, particularmente aquellos con mayor dependencia de las importaciones.

Santo Domingo, centro del debate energético regional

La discusión forma parte de la XI Semana de la Energía, que reúne del 6 al 9 de octubre en Santo Domingo a autoridades, organismos internacionales, empresas, especialistas y representantes del sector financiero.

El encuentro tiene entre sus principales ejes la seguridad del suministro, la integración energética, la transición hacia fuentes más limpias y el financiamiento necesario para desarrollar nueva infraestructura.

Para Rebolledo, el resultado final de esa transformación debe ir más allá del sector eléctrico.

La apuesta es que sistemas energéticos más seguros, diversificados e interconectados también puedan traducirse en mayor competitividad, crecimiento económico y mejores condiciones para enfrentar futuras crisis.

El desafío para el Caribe, por tanto, no consiste únicamente en producir energía más limpia: pasa por conseguir que esa transformación reduzca su vulnerabilidad frente a un mercado energético internacional sobre el cual las pequeñas economías insulares tienen poco control.